En abril de 2023, Sudán se sumió en una guerra civil devastadora entre el ejército y las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF). A día de hoy, más de 60,000 personas han muerto y más de 11 millones han sido desplazadas. Sin embargo, este conflicto, que se perfila como uno de los más letales del siglo XXI, ha sido notablemente ausente en los titulares internacionales.
Mientras los medios globales se centran en conflictos como el de Gaza o Ucrania, Sudán permanece en la periferia de la atención internacional. El Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, Volker Turk, ha calificado la situación como “una catástrofe que el mundo no puede permitirse ignorar” . Sin embargo, las alertas humanitarias han sido sistemáticamente eclipsadas por otros eventos.
La infraestructura mediática de Sudán ha sido devastada: el 90% de los medios tradicionales han cesado sus operaciones, y al menos 27 periódicos, 32 emisoras de radio y 8 canales de televisión han cerrado . Más de 400 periodistas han huido del país, y al menos 9 han sido asesinados desde el inicio del conflicto . Esta represión ha dejado a la población en un vacío informativo, donde la desinformación y los discursos de odio proliferan sin control.

Organismos internacionales han documentado atrocidades sistemáticas: ejecuciones extrajudiciales, violencia sexual, ataques a mercados y desplazamientos forzados. En octubre de 2025, las RSF tomaron el control de El Fasher, en Darfur, donde se han reportado masacres de civiles . A pesar de estas evidencias, la comunidad internacional ha mostrado una respuesta tibia y fragmentada.

La falta de cobertura mediática en Sudán no es casual. Factores como el desinterés geopolítico, la ausencia de recursos naturales estratégicos y la falta de presión pública han contribuido a la invisibilidad del conflicto. Mientras tanto, las redes sociales, aunque útiles, han sido incapaces de generar una movilización significativa .
Sudán se enfrenta a una crisis humanitaria de dimensiones catastróficas, pero su sufrimiento permanece en la sombra. La indiferencia mediática y la falta de acción internacional perpetúan una tragedia que podría haberse evitado. Es imperativo que la comunidad global rompa el silencio y actúe para poner fin a esta guerra olvidada.


